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La Granadella de Jávea – un paraíso en Valencia

La ciudad de Valencia puede ofrecer un montón de atracciones, pero si tienes suerte de pasar en la ciudad un poco más tiempo, te invito a prestar un coche, o buscar un amigo que lo tenga, y ir a la Grandella de Jávea. La playa más bonita de la comunidad valenciana se sitúa en un municipio de Jávea, unos 120 kilómetros al sur desde Valencia. Una curiosidad en el región de Jávea se cultiva a las chufas, una planta que ofrece frutas de las que los valencianos preparan la horchata de chufa, una bebida refrescante típica para esta comunidad. Si vas con un coche privado al camino podrás adquirir unas naranjas frescas o, si tienes suerte, una horchata de chufas artesana vendida por una señora que la prepara en su casa.

Durante la temporada alta el golfo donde se encuentra la playa está llena de gente, hasta el nivel en el que sería difícil encontrar un sitio para tender la toalla en la arena, bueno en la grava, no obstante durante septiembre u octubre, cuando todavía hace muy buen tiempo, es un sitio perfecto para alejarse de la ciudad y relajarse. Estuve ahí en la primera semana del octubre y puedo asegurar a todo el mundo que el agua todavía estaba a gusto.

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Para llegar a la playa de Granadella, hay que atravesar al Parque Forestal de Granadella, y bajar unos 100 metros en vertical por una callejuela muy estrecha, así que recomiendo que el conductor sea alguien con experiencia. La playa es de grava y tiene unos 160 metros de ancho y 10 metros de amplitud. Se sitúa en una cala rústica con una punta al norte y una punta del castillo.

En esta temporada del año los españoles ya no arriesgan irse a la playa, porque ya el sol no es tan fuerte y parece que ya no se sienten tan a gusto. No obstante para alguien quien nací en el centro de la Europa, como los alemanes, ingleses o polacos, hacía un tiempo perfecto, tanto para tomar el sol, como bañarse.

Hay algo paradisíaco en este lugar. La cala bañada en el sol de los primeras días de otoño, las olas chocando en la orilla y yo con mis amigos leyendo un libro o hablando sobre la vida.

Al regresar propongo desviar un poco e ir al mirador cercano, basta seguir los señales para encontrarlo. Es un sitio con la vista al mar desde un acantilado de unos 100 metros. El viento y el sonido de la mar hace que deseas quedarte ahí para siempre, o casarte ahí. Justo al lado del mirador se sitúa una restaurante en la que el servicio estaba preparando las sillas y la decoración para una boda. Un lugar bonito para decir el sí,¿no?