cape-town-601502_640

Oceanográfico y hemisférico de Valencia

Dorota me dijo que lo más interesante del oceanográfico es el delfinario. Así que cuando se acercaba el tiempo de la exhibición, dejamos todos otros animales y nos fuimos corriendo hacia la piscina con delfines. Pasamos de lado a una cola a los tiburones (unos cien metros) y llegamos justo al tiempo de la apertura de las tribunas, de las que pudimos apreciar los trucos hechos por los únicos animales que practican el sexo para el placer (¿quién me lo ha enseñado?). Obviamente aquí también nos esperaba una cola. Empecé a retirarme hasta el fin, cuando Dorota me cogió por la manga y descaradamente nos metemos entre otros en los principios de la cola. Hasta hoy me avergüenzo, porque estoy seguro de que alguien nos vio.
La exhibición se puede ver en la Internet, no obstante obviamente habéis visto trucos así en las películas. Pues chachi, ¿pero valía la pena apresurarnos tanto? Si tuviese siete años, habría estado encantado. ¿Quién sabe, quizás bailase, para que me eligiesen a acariciar a un delfín? ¿Quién sabe, quién sabe…? El presentador también animó a los padres a que bailasen a favor de sus hijos. Me gustaría saber si en Polonia la gente también se toneara tanto.

El último punto de la excursión, antes de ir al hemisférico, era el edificio con los primos feos de delfines – las marsopas y los pingüinos. Los últimos me importaron un poco, pero perdí todo el interés esperando en la cola. Dorota asegura que esperamos tan solo veinte minutos, pero según mi parecer, mucho más. Sobre todo porque alguien alrededor de nosotros fumaba todo el tiempo.

blue-grotto-590336_640El oceanográfico también presume de un túnel, igualito al uno que hicieron en nuestra ciudad. Otra vez nos disuadió la cola. ¿Por qué tanta prisa? Tuvimos solo tres horas, porque la sesión en el hemisférico empezó a las 3.

En el hemisférico nos otorgaron unos instrumentos sospechosos, que supuestamente debíamos poner en las cabezas. Si fuese un hombre de mundo e ilustrado, habría adivinado inmediatamente su destino, pero no era el caso. Como todos bien sabemos a veces una abuela tiene el bigote, pero no se convierte en un abuelo, yo (a pesar de mi barbita pelirroja) no soy un hombre de mundo, ni muchos más ilustrado. Trás una investigación meticulosa, descubrí un pequeño botón y altavoces. “Serán unos cascos” – dije.

La película nos contó la historia de las momias egipcias y nos absorbió bastante. Durante la sesión intenté cambiar la colocación de los cascos, pero de repente terminaron funcionar, así que los coloqué de la misma manera y sigue viendo la película sin tocarlos más. La peli era interesante, pero sobre todo me gustaron las sillas muy cómodas.