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Una semana culinaria en Gdansk

Uno de los aspectos interesantes de nuestra escapada a Gdansk fue saborear diferentes clases de comidas y apreciar lo que está mejor en la costa, es decir, el pescado. Sin embargo, el mar polaco para mí también significa los gofres con fresas, algodón de azúcar y cerveza sorbida en la arena mirando al mar.

El restaurante más inolvidable para nosotros era el número uno según un servicio turístico popular para los turistas que se localiza en la calle Grodzka, justo al lado de la grúa famosa de Gdansk. Lo elegimos para celebrar nuestra escapada dirigiéndonos por el mejor calificado. Hay que reconocer que no es un sitio económico, pero seguramente el servicio increíble compensa cada zloty gastado.

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Dado la popularidad del restaurante hay que hacer una reserva de antemano. Cuando llegamos al sitio, el camarero recogió nuestros abrigos y nos acomodó a una mesa de dos. Pedimos una sopa, un vino, un café y un postre. Pronto descubrimos que el restaurante no solo ofrece un excelente servicio, sino que también el cocinero es un verdadero maestro. La sopa de setas silvestres que pedí era la mejor de mi vida.
El otro día fuimos a una restaurante marítima en Sopot, ya que mi novia tuvo ganas de comer un pescado bien hecho. Tengo que reconocer que a mi no me convencía tanto el sitio. Además, desde el principio notamos que el servicio nos trataba de una manera algo ignorante. Igual era solo una impresión en la que caímos por la comparación, no obstante así me sentí. Pedimos dos pescados diferentes, pero a mí gusto el plato era muy básico. Al pescado faltaban los condimentos, los legumbres estaban fríos. Menos mal que mi novia confesó que era el mejor pesado que había comida.

En la oposición a los restaurantes bastante pijos decidimos de ir a una restaurante típica de la costa polaca. A un barco amarrado en el canal donde se ofrecían los pescados fritos con patatas fritas y legumbres. Ahí comimos un bacalao muy económico, quizás poco sano, pero muy sabroso. Para mí era un sabor conocido desde la niñez, dado que recuerdo que con mis padres también optabamos por unos restaurantes así. Creo que ahí se puede probar un pescado verdaderamente fresco.
Las vacaciones al mar para mí también son un tiempo cuando puedo estirar las piernas en la arena y disfrutar de la tranquilidad oyendo a las olas. Siempre recordaré una tarde que pasamos en la playa sorbiendo la cerveza y leyendo. Mi novia se tumbó en mi barriga y yo la estuve leyendo en voz alta un libro. A veces para sentirse realmente feliz no hace falta ir a un restaurante bueno, sino estar con la persona adecuada.